Ana María Balmaceda es una pintora chilena que conoció a san Josemaría en Santiago de Chile, en 1974. Aprendió del fundador del Opus Dei a impregnar con la fe su trabajo profesional. Así lo cuenta ella misma:
Conocí a San Josemaría, una tarde de mucha lluvia... Era la primera charla que daba llegando a Chile, el primer encuentro con las mujeres. Y yo estaba invitada a una tertulia con las señoras.Y a última hora me dijeron que no fuera. Pero fui igual, fui porque yo estaba esperando una criatura que iba a nacer en muy pocos días y dije: "bueno si no voy ahora, puedo quedarme sin conocerlo, y esto ha sido tan esperado... y me arreglé un poco y partí.
"Pasa hija mía, con cuidado. Que esta es más valiente, que está esperando a la criatura, y se viene aquí." Esa fuerza que transmitía y a la vez una naturalidad con una alegría muy bonita.Era fuerte... sus manos... su mirada... su decir.San
Josemaría me ha hecho varios favores... varios. Hay un libro que me remueve mucho: Surco. El título ya remueve, porque es eso: ir dejando huella o seguir la huella; hay un surco, hay un camino delante. Yo busco a Dios por medio de los colores, de las formas, de lo que yo digo en los cuadros. Ahora, dónde más encuentro a Dios, es en la naturaleza; en el mar, en los bosques.
San Josemaría me ayuda a pintar, me ayuda a perseverar. Me ayuda mucho. Esa perseverancia, ese pintar con ganas, sin ganas, seguir.Esa es mi santificación.
Conocí a San Josemaría, una tarde de mucha lluvia... Era la primera charla que daba llegando a Chile, el primer encuentro con las mujeres. Y yo estaba invitada a una tertulia con las señoras.Y a última hora me dijeron que no fuera. Pero fui igual, fui porque yo estaba esperando una criatura que iba a nacer en muy pocos días y dije: "bueno si no voy ahora, puedo quedarme sin conocerlo, y esto ha sido tan esperado... y me arreglé un poco y partí.
"Pasa hija mía, con cuidado. Que esta es más valiente, que está esperando a la criatura, y se viene aquí." Esa fuerza que transmitía y a la vez una naturalidad con una alegría muy bonita.Era fuerte... sus manos... su mirada... su decir.San
Josemaría me ha hecho varios favores... varios. Hay un libro que me remueve mucho: Surco. El título ya remueve, porque es eso: ir dejando huella o seguir la huella; hay un surco, hay un camino delante. Yo busco a Dios por medio de los colores, de las formas, de lo que yo digo en los cuadros. Ahora, dónde más encuentro a Dios, es en la naturaleza; en el mar, en los bosques.
San Josemaría me ayuda a pintar, me ayuda a perseverar. Me ayuda mucho. Esa perseverancia, ese pintar con ganas, sin ganas, seguir.Esa es mi santificación.