Agosto de 2011. Una plaza de toros en Madrid es sede de una reunión de miles de jóvenes, con el Prelado del Opus Dei. Sonsoles se pone de pie y pregunta cómo comunicar el atractivo de la fe.
-Padre qué alegría tenerle con nosotras. Me llamo Sonsoles, soy de Madrid
-¿Sonsoles? Allí fue nuestro Padre, a Sonsoles, y le removía mucho eso de “qué ojos tan bonitos tiene, ¡son cómo soles!”. Que tengamos todas y todos los ojos del alma como esos ojos
de la Virgen.
-Padre, ¿cómo tener la fuerza para superar la comodidad y el miedo y ser de verdad un apóstol en el tú a tú con mis amigas, transmitir de modo atractivo la necesidad que todos tenemos de alimentar la fe cada día? Gracias Padre.
-Se valiente y sé valiente como nuestro Padre que tuvo que dejar tantas cosas. Las dejó sabiendo que no es un cambio –una pérdida- sino un cambio en “ganancia”. Tenía grandes ilusiones,
era una persona muy dotada, con muchas condiciones para hacer muchísimas cosas en este mundo. Le pidió que desviara el camino hacia otro lugar y lo hizo. Lo hizo pensando en primer lugar para dar gloria a Dios y en segundo lugar en esas almas que esperaba. Por eso también os decía que cuando hemos rezado el Ángelus me acordaba de nuestro Padre, con esa mirada tan suya, de hombre enamorado, porque el cristiano, la cristiana que sigue a Cristo, no es una mujer o un hombre que no sepa amar. Al contrario, desarrollamos toda la potencia de nuestro
amor dirigiéndolo al Señor y con Dios a todas las almas.
Pues me acordaba de que cuando dio la bendición con el Santísimo veía “tres, treinta, trescientos”... Y allí estabais vosotras.
Y en una ocasión nos comentó: “he sufrido mucho, he tenido que rezar mucho, pero no me arrepiento ni de lo que he sufrido ni de lo que he tenido que rezar, y si pudiera que volver a empezar lo haría bien y mejor con la ayuda de Dios, no por mi fuerza”.
Pues hija mía, a ti te está el Señor siguiendo, “pisándote los talones”, diciendo: no tengas miedo, no tengas miedo a comprometerte, para ser una cristiana y si es preciso para dar la vida para
seguir lo que Dios te vaya pidiendo. Que Dios te bendiga.
-Padre qué alegría tenerle con nosotras. Me llamo Sonsoles, soy de Madrid
-¿Sonsoles? Allí fue nuestro Padre, a Sonsoles, y le removía mucho eso de “qué ojos tan bonitos tiene, ¡son cómo soles!”. Que tengamos todas y todos los ojos del alma como esos ojos
de la Virgen.
-Padre, ¿cómo tener la fuerza para superar la comodidad y el miedo y ser de verdad un apóstol en el tú a tú con mis amigas, transmitir de modo atractivo la necesidad que todos tenemos de alimentar la fe cada día? Gracias Padre.
-Se valiente y sé valiente como nuestro Padre que tuvo que dejar tantas cosas. Las dejó sabiendo que no es un cambio –una pérdida- sino un cambio en “ganancia”. Tenía grandes ilusiones,
era una persona muy dotada, con muchas condiciones para hacer muchísimas cosas en este mundo. Le pidió que desviara el camino hacia otro lugar y lo hizo. Lo hizo pensando en primer lugar para dar gloria a Dios y en segundo lugar en esas almas que esperaba. Por eso también os decía que cuando hemos rezado el Ángelus me acordaba de nuestro Padre, con esa mirada tan suya, de hombre enamorado, porque el cristiano, la cristiana que sigue a Cristo, no es una mujer o un hombre que no sepa amar. Al contrario, desarrollamos toda la potencia de nuestro
amor dirigiéndolo al Señor y con Dios a todas las almas.
Pues me acordaba de que cuando dio la bendición con el Santísimo veía “tres, treinta, trescientos”... Y allí estabais vosotras.
Y en una ocasión nos comentó: “he sufrido mucho, he tenido que rezar mucho, pero no me arrepiento ni de lo que he sufrido ni de lo que he tenido que rezar, y si pudiera que volver a empezar lo haría bien y mejor con la ayuda de Dios, no por mi fuerza”.
Pues hija mía, a ti te está el Señor siguiendo, “pisándote los talones”, diciendo: no tengas miedo, no tengas miedo a comprometerte, para ser una cristiana y si es preciso para dar la vida para
seguir lo que Dios te vaya pidiendo. Que Dios te bendiga.